En opinión del especialista Elio Masferrer, Andrés Manuel López Obrador supo convertir la fe en un activo político. Más allá de usar la semiótica al formular el nombre de su organización sin utilizar el rechazable nombre de Partido, la frase Movimiento de Regeneración Nacional, resumida en la palabra MORENA, remite a más del 90 por ciento de los mexicanos, nacidos en la fe católica, hacia Guadalupe, ‘la morenita del Tepeyac’. Creyentes o no, es difícil que un mexicano no conozca la historia en torno a Juan Diego.

Agregue a esto el dejo de mexicanidad que pueden dar iconos-signos como Pedro Infante, la selección nacional, el tequila y algunos más.

En un país donde 95% de la población es católica o evangélica, y donde 40% del electorado prefiere votar por un creyente, las referencias religiosas del tabasqueño parece que lo acercaron al triunfo. No en balde su propuesta de amnistía empata con la de la Conferencia del Episcopado Mexicano, la de reconciliación y perdón, que prioriza los problemas de violencia, inseguridad, pobreza, corrupción e impunidad por sobre los asuntos relativos a la moral sexual. Según las estadísticas, remata el investigador, AMLO se convirtió en “el candidato de Dios”.

A esto, sumó el llamado ‘Voto Cristiano’, apropiado por el Partido Encuentro Social (PES), que de alguna forma canalizó políticamente los intereses de muchos pastores y comunidades, autodenominados ‘El Pueblo de Cristo’, en un juego de sincretismo que se ampara en la Ley de Cultos y Asociaciones Religiosas, en resguardo de la Secretaría de Gobernación.

El PES perdió su registro y a medida que se cumplan o no los acuerdos políticos de campañas, muy probablemente se verá surgir algún membrete similar, independiente o anexo a Morena, pero dentro de las políticas del nuevo gobierno.

O al menos eso esperan esos aliados por parte de ‘El candidato temeroso de Dios’, convertido ya en Presidente Electo.

Como se observa, apoyarse en y generar figuras mentales, son aliados importantes en la creación de discursos.

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