Por Miguel II Hernández Madero *

Inicia 2018 y la cargada no acaba de concretarse, la caballada está flaca y es muy grande la probabilidad de que el próximo sexenio Yucatán sea administrado por un partido diferente al actual.

En los viejos tiempos del PRI decir que “la caballada está flaca”, era una referencia a que los aspirantes no estaban a la altura de las circunstancias, pero no había problema porque se trataba de una época dorada para los tricolores caracterizada por ser una aplanadora sin oposición al frente, pues únicamente servía para cubrir las formas electorales.

Hoy los tiempos han cambiado y ya no son la fuerza política que podía garantizar el llamado “carro completo”. En algunas ocasiones se trata de una oposición surgida por la división generada por su propio esquema de selección interna de candidatos. Son varios los casos donde ex priístas han sido postulados por otros partidos y ganan la alcaldía.

En ocasiones la militancia priísta ha mostrado su inconformidad votando en contra de su propio candidato, muchas veces en forma de un “voto dividido” (recuerden el caso de Mérida hace seis años). Estos ejemplos hubiesen sido impensables hace una generación cuando el PRI parecía imbatible, pero poco a poco el cambio generacional llevó a otras formas de pensar y ese instituto político coqueteó con el cambio tras sufrir dolorosas derrotas para ellos.

Pero ese cambio quedó en una buena intención, cuando menos en Yucatán pues vemos como se trata de vivir en un esquema político, propio de los años setentas y ochentas, cuando todo se manejaba para proyectar una imagen maravillosa, negando la realidad social y lanzando a diestra y siniestra lisonjas, halagos y evaluaciones positivas que pueden ser divertidas para unos, pero motivo de enojo para otros.

En esta ocasión tanto el PRI como el PAN ya tienen a sus abanderados, pero mientras los blanquiazules, con todo y sus discusiones están aparentando un frente unido en Mérida para de ahí lanzarse con todo al interior del estado, los tricolores siguen esperando que la “cargada” se haga patente y se enfilen a convencer primero a sus militantes y después al resto de los ciudadanos.

Y ahí es donde surge el problema: no hay cargada, la caballada está flaca, el panorama es difícil, máxime que hasta este lunes los priístas aún no tienen la convocatoria para su proceso de selección interna de candidatos a presidentes municipales y para legisladores.
Quizá la táctica sea esperar a lo último para evitar que se vayan a otros partidos los aspirantes que no hayan sido seleccionados, pero eso no es muy efectivo, porque siempre podrán influir de una u otra forma en las elecciones de julio próximo.

Pero sumemos esto a que tras años de promoción de imagen a través de la Secretaría de Desarrollo Social, la presencia del candidato priista en los municipios no tiene el arraigo que ellos desearían y en Mérida, que tiene más del 50 por ciento de los votantes, el voto duro del PAN favorece a su candidato, sea quien sea que pongan, en este caso Mauricio Vila.

Pero hay otro factor en juego: los demás aspirantes que se quedaron en un suspiro. Ellos por “disciplina partidista”, harán declaraciones de unidad, pero sus simpatizantes no y tendrán la oportunidad de manifestar su enojo cuando estén frente a las urnas, lo que podría ser un pesado lastre para las aspiraciones tricolores.

Y aún más. De ganar la gubernatura el PAN este julio, será muy probable que repitan en 2024, porque tendrán seis años de escaparate, jugando a ser un gobierno de cambios y exhibiendo las fallas reales o inventadas que pudieran encontrar. No olvidemos que este 2018 votarán por primera vez los nacidos en el siglo XXI, con otra forma de pensar, que han crecido escuchando quejas y críticas al sistema y que además, no se creen las frases triunfalistas que se repiten y otra vez. Con ellos no funciona la vieja forma de hacer política, así como tampoco funciona para quienes ya con años encima se han ido decepcionando por los diversos errores políticos de las últimas décadas.

Quizá estemos en la antesala de un periodo azul, quizá el PRI se recupera, pero sea cual fuere el color de su instituto político, ojalá el próximo gobernador recuerde que debe prevalecer el bienestar del estado antes que su partido.

Hasta la próxima…

* Miguel II Hernández Madero es catedrático universitario, Periodista, literato laureado y amigo de este sitio web

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