Con su participación en la mesa panel “Narco narrativas, arte, morbo y realidad”, el próximo 10 de mayo a las 11 horas, en el marco del Coloquio Internacional “Narrativas de Violencia y Paz” que se realizará en Mérida, organizado por la Universidad Modelo y el Ayuntamiento de Mérida, el profesor Omar Rincón, catedrático de la Universidad de los Andes, Colombia, se referirá, entre otros temas, al fenómeno televisivo de las naco-telenovelas.

En el evento, programado para llevarse al cabo en el Auditorio de la Universidad Modelo, participarán también Alonso Salazar, escritor, periodista y autor de “Escobar, el patrón del mal” y el doctor Xavier Andrade, de la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales, de Nueva York.

En sendos artículos Omar Rincón asegura que las series de televisión son una nueva droga. “Producen adicción. Lo hacen creer a uno, como televidente, muy inteligente y perteneciente a la cultura pop. Esto es así porque las series expresan esa crisis de representación política que habitamos y expresan el éxito de la representación mediática como nueva forma de la política. Por eso, las series son nuestro mejor relato de época, ahí están todas las claves para crear, pensar, imaginar y comunicar en nuestro tiempo”.

El académico invitado especial al coloquio, cuya inauguración está programada para el mismo miércoles 10 a las 9 horas, también el auditorio de la Universidad Modelo, enfatiza que las series son el fenómeno audiovisual del siglo XXI que nos lleva, a los fanáticos, a sentirnos mundializados. “En las series se expresa esa crisis de subjetividad que habita nuestro mundo, y ellas nos permiten imaginar un nuevo espacio de opinión pública cool y contracultural”, subraya.

“Dicho de otra manera, las series son para los pop-cultos algo así como lo que son las telenovelas para los populares-folk –continúa-. Los pop-cultos somos, más que hijos de la ilustración y la identidad, herederos de las simbologías pop y las fusiones de pantallas. Para nosotros, las series tipo Breaking Bad, Mad Men, Game of Thrones oHouse of Cards son nuestra coolture”.

En otra parte de sus aportaciones Omar Rincón reitera que “los malos triunfan en la ficción (y en la realidad), los buenos gozamos viéndolos; en la ficción los malos son mejores que los buenos, nos fascinan porque hacen lo que nosotros no podemos. En las telenovelas, los villanos son más diversos, recursivos y sabrosos; en las series de moda solo se puede ser héroes si eres oscuro, perverso, despiadado; en las narco- novelas son ‘robinhoods’ en busca de liberar a su pueblo y a su clase”.

Destaca que el fenómeno televisivo de las narco-telenovelas es, sin embargo, de este siglo XXI y añade que se produjo porque Colombia, de algún modo más simbólico que real, siente que el problema narco ya no es nuestro presente, que es cosa del pasado y que ahora ese fenómeno es más de los mexicanos y del resto de América Latina.

Concluye que el diferencial de la narco-telenovela frente a las telenovelas y series clásicas está en que: tienen verdad documental y tono casi neorrealista sobre este fascinante pero cotidiano mundo prohibido del narco y así se olvida el amor como eje y que la vitalidad del lenguaje y de la estética lleva a que no haya moral salvadora o dignificante, como existe en las telenovelas convencionales; por el contrario, aparece esa moral posmoderna del todo vale para tener billete y ser exitoso.

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