Por Miguel II Hernández Madero*
 
Faltan semanas para que los partidos políticos definan a sus candidatos con miras a las elecciones de 2018 y el panorama es mucho más complicado de lo que hace unos meses pudiera haberse pensado…, complicado, pero interesante, casi casi cayendo en lo surrealista.
¿Qué está pasando? En Yucatán hay dos partidos que se han disputado el poder de manera real. Detrás, de manera discreta se ubica la llamada izquierda, que únicamente sobrevive, con escasa presencia, que dista mucho de la fuera que tiene en otras partes del país.
El PRI y el PAN están teniendo una historia curiosa  que parece ser escrita por el mismo guionista. En ambos casos hay patadas por debajo de la mesa y hasta pudiéramos decir que una “guerra sucia”.
El PRI tiene a varios detrás de la nominación que llegar al Palacio de la calle 61 y encabezar la administración estatal en los siguientes seis años. Algunos llevan casi un sexenio en promoción personal, desde las plataformas políticas que les han tocado, algunos más tímidamente levantaron la mano después, quizá por estrategia; de eso ya todos se habían habituado pero el gallinero se alborotó cuando hace unas semanas atrás se publicó una entrevista con Mauricio Sahuí, en la que  una vez más decía que quiere ser gobernador.
Ya antes lo han expresado Liborio Vidal, Víctor Caballero, Jorge Carlos Ramírez Marín, Angélica Araujo, Pablo Gamboa y los que se sumen, así que no fue el primero en hacerlo, pero en su caso levantó una ola de críticas y hasta una queja en el organismo electoral de la entidad. ¿Cuál fue la diferencia? Bueno, a estas alturas todos están susceptibles y el detalle que levantó ámpula fue la foto que publicaron con el gobernador Rolando Zapata Bello levantándole la mano.
La foto no es nueva. Fue de un evento anterior, pero cumplió sus fines de atraer la atención hacia el político creado en el periodo de Ivonne Ortega Pacheco, como tantos otros más.
Pero las campanas no pueden echadas a vuelo aún. Nada se ha decidido. Hay varios casos en la historia reciente en los cuales los nombres han sido cambiados de último momento y eso lo saben quienes ya han visto de cerca varios procesos electorales.
Por su parte el PAN sufre una crisis, donde uno ya no sabe a qué le quieren jugar pues su proceso de selección interna ha despertado la inconformidad de sus militantes, sumiendo a los blanquiazules en una situación  rara, por llamarla de alguna forma, con renuncias de aspirantes para anunciar que irían como independientes. Eso indudablemente fragmentará aún más a ese instituto político.
Si tomamos en consideración que en Yucatán coinciden las elecciones federales con las estatales, tanto alboroto podría tener sentido: hacer ruido para negociar posiciones (léase candidaturas), en las 106 municipios con sus regidores, en las diputaciones locales, en las federales, en el senado y dentro del gabinete estatal. El pastel es muy grande, pero será insuficiente para todos quienes aspiran a llegar o mantenerse en el “paraíso de vivir del erario”.
Visto de esta forma, entonces tiene sentido tanto puntapié, tanto movimiento y todo lo que vendrá, con cambios de bandera y puñaladas conforme se aproxime la hora cero, pero lo peor es que muchos de esos bandos en pugna dividirán a las comunidades y pasarán las elecciones, pero las heridas abiertas y el rencor político se mantendrá, acrecentándose con el incumplimiento de promesas vacías y falta de soluciones.
Cada tres años en los municipios renace una esperanza de cambio, pero también cada periodo se mantiene el desencanto. ¿Será que esta vez cambie la historia?
Sólo me resta decir que con esta fecha he regresado.
Hasta la próxima.
*Miguel II Hernández es catedrático universitario, Máster en Letras, Premio Nacional de Literatura, Periodista y buen amigo de este portal.

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